lunes, 2 de diciembre de 2013

Vivo, ergo sum






"Oscuridad herida por la luz" 

Tinta y acuarela sobre papel, 20 Agosto 2010



  René Descartes, en su "Discurso del Método" publicado en 1637, puso los cimientos del pensamiento racional moderno y del método científico. Dudando de su propia percepción de la realidad, había llegado a la conclusión de que él existía porque podía pensar, pues era consciente de las dudas que asaltaban su mente ("Je pense, donc je suis").

  Su incertidumbre sobre la verdad le llevó a la conclusión racional de que él existía. En otras palabras, habiendo deconfiando de las percepciones ilusorias de la realidad material, se refugió en su mente consciente como certeza última. Estableció la duda como base del pensamiento racional, lo que es correcto en sí mismo. El precio pagado, sin embargo, es que en Occidente hicimos la duda la base de nuestra propia existencia.

  Hay, sin embargo, una perspectiva diferente. Descartes llegó a su conclusión porque estaba vivo, y porque era consciente de ello. Podría entonces haber dicho: "Vivo, entonces puedo pensar, y por tanto existo". O de forma más breve: "Vivo, luego existo". La vida viene antes que el pensamiento.

  Si identifico mi "yo" con mi mente, entonces tengo un problema, pues no hay certidumbre en mi mente, sólo percepciones inseguras y modelos en constante cambio. Sin embargo, si identifico mi "yo" con mi esencia biológica, que da sentido a mi mente y a mis pensamientos, entonces estoy a salvo, al fundamentarme en algo constante, verdadero y fuera de toda duda. No estoy más o menos vivo, o sólo a veces: Yo sé que vivo, por tanto existo, y soy (Je vis, donc je suis).




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